Con los pies descalzos y llenos de sucio despierta Carlitos cada mañana.
Con un hambre vieja del día anterior abre los ojos y lo primero que ve es a sus
cinco hermanos con los cuales comparte
el “matre” entrelazados en un abrazo genuino y lleno de amor el que solo se dan
cuando duermen.
Cada mañana al salir de
mi casa veo a Carlitos caminando descalzo en la calle jugando con un carrito
roto y viejo al cual le faltan las dos gomas de atrás, con un “pamper” el cual
parece haberlo traído puesto desde el día anterior.
Lo más que resalta son
sus ojos tristes que cargan la esperanza de que todo va a cambiar, de que
abuela va a dejar de gritarle cuando le pida comida porque el dolor ya es tan
grande que no puede aguantar las lagrimas por el hambre. La esperanza de que mami conseguirá un
trabajo digno y dejará de salir en la noche a buscar a sus amigos que la
esperan en la esquina de la calle de al lado y llegan con olor a perfume barato. La esperanza que saldrá de ese infierno donde
vive, de que conocerá un mundo fuera de la pobreza y el maltrato. Un mundo donde mami no tendrá que acostarse
con sus amigos cada noche para poder traer comida a la casa, un mundo donde
abuela es amorosa y gentil, donde no
tiene que compartir la cama con sus cinco hermanos, un mundo donde cada 9 meses
mami no llega con un hermano nuevo el cual su papa nunca esta.
Vivimos en un país en
el cual el gobierno y sus grandes monstruos de poder quieren hacernos creer que
no hay pobreza. Donde los medios de comunicación nos llenan la mente con la
basura del consumerismos, noticias de países tercermundistas marginados de
América Latina y nos olvidamos que nuestra pequeña isla está llena de niños
como Carlitos. Vivimos en el “Disneyworld” que nos creo el gobierno de que no
hay mas nada fuera de Guaynabo City, ni de Plaza las Américas. Que los que
roban y se meten droga es porque son unos mantenidos que son la escoria humana
más grande de este país.
Las iglesias están
llenas de ricos con relojes tan caros que si los vendieran le darían de comer a
la familia de Carlitos por un año. Sillas llenas de gordos llenos de dinero que
van a la iglesia para dar el diezmo y sentirse bien consigo mismo, gordos ricos
que dicen que quieren ser mas como Jesús pero que obvian la parte en la
historia que el tipo era pobre, caminaba
descalzo y comía con las manos. Dicen que lo aman, pero si Jesús llegara a su casa vestido con harapos y las uñas llenas de gusanos le
cerrarían la puerta en la cara para que no les robe nada. Miran al que pide en la luz con ojos de pena
y siguen caminando. Pero si el que pide en la luz entra en su templo de cinco
estrellas con sillas acojinadas y se le sienta al lado la hermana aleluya agarra la cartera y se
mueve de fila. ¿Se les olvido que
su salvador es el mismo que el de él,
que tu pecas igual que él, que no hay pecado de cuello blanco para los que van
a la iglesia de sillas acojinadas? ¿Acaso
en sus biblias electrónicas no está escrito el mandamiento que dice ama a tu
prójimo?
Cada día niños criados
en la pobreza se convierten en las victimas de la calle y la droga. La calle
les brinda esa esperanza que tanto buscaban de que sus circunstancia cambiará.
La calle los seduce con sus trucos y engaños con el deseo de salir de las
circunstancias que conoce. La calle se
convierte en esa salida fácil que ayudará a la mamá de Carlitos a dejar de ser
la “Puta de la calle” para convertirse en la mamá del narco que auspicia la
campaña del representante que lo ayudará a mover la droga entre los
Guaynabitos que viven en control de
acceso.
Ahora Carlitos dejo de
ser el niño inocente que veía en la entrada de casa y ahora es el Jefe, el que
mueve dinero, dinero “fácil” pero no tan fácil como el que mamá traía a la casa.
A Carlitos lo protege doña pistola, y la virgen claro la virgen y el santo no
se podían quedar fuera porque de alguna manera Carlitos tiene que comprar su
espacio en el cielo; y auspiciando a un pastor viola nenas que anda en mercedes
no es.
Finalmente me pregunto ¿si
no se hubiera criado entre la pobreza la historia sería diferente?
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